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Pride of Baghdad

noviembre 17, 2016

Portada de Pride of Baghdad

En abril de 2003, cuatro leones escaparon del zoológico de Bagdad durante el bombardeo de Irak. Vagaron por la ciudad hambrientos, hasta que fueron encontrados por soldados de EEUU. Su historia, o al menos una versión de ella, es narrada en Pride of Baghdad, novela gráfica publicada por Vertigo en 2006, escrita por Brian K. Vaughn e ilustrada por Niko Henrichon.

El relato acompaña a los leones en su escape del zoológico y su redescubrimiento de la libertad en medio del caos de una ciudad asolada por la guerra, mostrándonos el shock que experimentan al pasar de un ambiente controlado en que tenían seguridad y comida garantizadas, a un vasto y desconocido territorio dominado por veloces e imparables tanques y donde en cualquier momento pueden caer bombas del cielo. A medida que hacen frente a la incertidumbre de su nueva situación, los leones se preguntan si el precio pagado por su libertad recobrada vale la pena: ¿Qué es preferible, vivir en un cautiverio cómodo y seguro que termina por atrofiar tus instintos y tu mismo espíritu; o ser libre para alcanzar la plenitud en un medio ambiente inseguro, peligroso, incluso cruel, en que la muerte acecha a la vuelta de cada esquina? ¿Dónde preferiríamos que crecieran nuestros hijos? A medida que avanza la lectura, rápidamente queda claro que la experiencia de estos leones es un reflejo de lo vivido por la nación iraquí en esos mismos momentos, al ser “liberada” de un régimen tiránico mediante una operación militar que tuvo un altísimo costo en vidas y daños físicos, materiales, sociales y culturales, y cuyas consecuencias perduran hasta la actualidad. Por supuesto, los paralelos no paran ahí; el dilema planteado por este cómic es aplicable a cualquier régimen autoritario en cualquier país.

El guión de Brian Vaughn es sumamente lúcido respecto a las implicancias de vivir durante años bajo una dictadura, y el efecto que esto puede tener en los pueblos y en el individuo (Lo cual me parece bastante meritorio, considerando que el tipo es estadounidense y en el primer mundo se suele tener una visión simplista de la vida bajo regímenes dictatoriales). Al inicio de la historia, los cuatro personajes principales representan algunos de los arquetipos clásicos que pueden encontrarse en un regimen político de esa índole: la anciana que simpatiza con el régimen por encontrarlo preferible al caos que lo precedió; el luchador de antaño que se refugia en añoranzas del pasado mientras acepta con resignación la situación actual por sentirse incapaz de cambiarla; la joven radical que secretamente busca armar una rebelión y es tildada de idealista ingenua; y el niño nacido en cautiverio/dictadura, que no conoce otra forma de vida y para quien la libertad/democracia son sólo cuentos de sus mayores, leyendas de un pasado extinto. A medida que la historia avanza, vemos cómo cada uno evoluciona a partir del encuentro con la libertad. La alegoría de la vida en dictadura y sus efectos queda así muy bien redondeada.

Pero el cómic no es una densa tesis político-filosófica para estudiantes de sociología; si así fuera, sería una lata. La historia también funciona en otros niveles. En primer lugar, es una muy entretenida historia de aventuras y supervivencia, con un devastador conflicto bélico de la vida real como telón de fondo. Es también una historia muy emotiva sobre un grupo de individuos maltratados por la vida, a quienes la guerra irónicamente les entrega una segunda oportunidad, a la vez que los obliga a estrechar lazos y convertirse en una familia. Es además una reflexión sobre el verdadero significado de la libertad, y sobre atreverse a seguir uno su propia naturaleza incluso bajo circunstancias extremadamente adversas; y también sobre los horrores de la guerra y cómo los más perjudicados por ésta son siempre los seres más débiles y ajenos al conflicto que quedan atrapados en el fuego cruzado.

Es una historia protagonizada por animales que hablan entre ellos, pero no es una fábula para niños; trata temas adultos planteando preguntas complejas y eludiendo las respuestas sencillas. La brutalidad que aflora en lugares donde impera la ley del más fuerte (ya sea en el reino animal o en una zona de guerra) es mostrada sin tapujos.

El arte de Niko Henrichon es una maravilla, por sí solo hace que valga la pena leer el cómic. La ambientación es sumamente efectiva e impresionante. La representación de la Bagdad bajo ataque de 2003, tanto en sus alrededores como en su núcleo urbano, es sumamente detallada y vívida. El color transmite a la perfección la atmósfera de las calles en plena guerra, se siente el calor sofocante y el polvo flotando en el aire. Las vistas panorámicas de la ciudad son de una belleza sobrecogedora y terrible.
Con los animales, Henrichon realiza una proeza impresionante: los leones, tortugas, monos, etcétera, están dibujados en forma impecablemente realista, sin exageraciones estilísticas ni deformaciones anatómicas que faciliten la representación visual de sus cualidades personales; sin embargo, las emociones, estados de ánimo y personalidades son transmitidas clarísimamente mediante un uso experto del lenguaje corporal y las expresiones faciales, logrando que la psicología de los personajes se sienta profundamente “humana” (aunque sean animales) y real. Es un ejercicio de virtuosismo tan sutil como magistral, verdadera magia en viñetas.

Además de la altísima calidad de las ilustraciones, cabe mencionar que el oficio narrativo de Henrichon es impecable en su ejecución del sobrio guión de Vaughn. Aquí no hay trucos narrativos rebuscados, demostraciones excesivas de ingenio en la disposición de viñetas, ni nada que desvíe la atención de la historia; hay simplemente una narración de estilo clásico muy bien ejecutada y fácil de seguir, con un hábil manejo de los diferentes puntos de vista de los protagonistas, así como de los cambios de ritmo en la acción. Por lo visto, ambos creadores tenían claro que este estilo era el correcto para sostener un guión con varios niveles de lectura y momentos de alta emotividad, y al mismo tiempo hacer la historia accesible a un público amplio y no necesariamente familiarizado con el lenguaje del cómic.

Leí Pride of Baghdad por primera vez hace años. Me parece que no había leído nada de Vaughn, pero bastó esta novela gráfica para que de inmediato pasara a ser uno de mis guionistas favoritos. A estas alturas el hombre es un superestrella del cómic estadounidense, gracias a su trabajo en series como Y: The Last Man, Ex Machina y Saga; y Pride of Bahgdad es ya una obra clásica dentro de su trayectoria. En 2014 fue reeditada en una edición de lujo con 30 páginas extra de material de preproducción, incluyendo la propuesta original y sketches preliminares de los personajes. En castellano ha sido publicada como “Leones de Bagdad” (El título es algo difícil de traducir, ya que tiene un doble sentido: “Pride” en inglés significa “orgullo”, pero es también la palabra usada para hacer referencia a una manada de leones). Se trata de un excelente cómic que además, debido a su atractivo visual y su narrativa clara y fácil de seguir, es muy accesible para el público no acostumbrado a leer cómics. Si se busca un cómic para pasarle a alguien con el fin de revelarle el potencial de la narrativa gráfica, o para mostrarle que el cómic es más que superhéroes, Pride of Baghdad es una muy buena opción. Un cómic sumamente recomendable y digno de un lugar entre lo mejor de lo mejor de cualquier estantería. Muy recomendado.

 

PRIDE OF BAGHDAD
– Vertigo, 2006.
– Novela gráfica.
– Guión: Brian K. Vaughn.
– Ilustraciones: Niko Henrichon.
– Rotulación: Todd Klein.
– Portada: Niko Henrichon.

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Spectre

noviembre 14, 2015

Spectre. En la primera mitad, me estaba gustando mucho. Ya me estaba preparando para proclamarla como la mejor Bond de la era Craig. Me gustó que tuviera una onda más pulp que sus predecesoras, pero con un enfoque contemporáneo (se nota ahí la mano de John Logan en el guión). Lamentablemente, la película se estira demasiado después de la primera mitad, hay escenas que se sienten como relleno y la trama se hace demasiado predecible. Y está ese recurso barato de Sam Mendes de hacer que todo tenga que ver con el pasado de Bond para así supuestamente darle más profundidad a la historia, lo cual nunca me ha entusiasmado. Blofeld termina siendo decepcionante; de Christoph Waltz se esperaba una actuación con un carisma equiparable al mostrado en Inglorious Basterds (era lo que se necesitaba, como señaló Antonio Martínez en su acertada reseña publicada en Wikén), pero el guión no le da diálogos ni momentos que estén a esa altura. Y no me gustó que algunas escenas de acción se resolvieran de modo algo bufonesco, no calzan con el tono del resto del filme y peor aún, como que demuestran flojera por parte de los realizadores. En general el filme es entretenido, incluso con muy buenos momentos, pero me parece que Skyfall (que encuentro sobrevalorada) está mejor estructurada; y que Casino Royale sigue siendo el mejor filme con Daniel Craig como James Bond.

Afiche de Spectre

Batman and the Monster Men.

noviembre 17, 2007

Batman and the Monster Men

With Dark Moon Rising, Matt Wagner answers a question that remained unanswered since 1987: how did the early adventures of the Bat-Man, with its gothic atmosphere and elements that wouldn’t look out of place in a horror movie, fit into the life of the Batman that emerged after Crisis on Infinite Earths and, more specifically, after the revamping of the character in Batman: Year One, in which a modern urban setting and a relatively “realistic” tone were established for the adventures of the Dark Knight for years to follow?

And, at least with the first installment of the project, Batman and the Monster Men (BATMM), the answer he provides is an effective and entertaining one.

With BATMM, Wagner accomplishes something that seemed impossible: he unifies the original mad scientist version of Hugo Strange with the psychiatrist one that was introduced in the “Prey” story from the Batman: Legends of the Dark Knight monthly title.

The story acts as a “missing link” between Batman: Year One and Prey. At the end of BATMM, Strange is doing the same thing he’s doing when he appears for the first time in Prey: he’s on a TV show, speaking about Batman as an expert on the subject. Also, in BATMM we see Batman build and operate the prototype of a car specially equipped to be used in his war on crime, and there’s a line said by Alfred Pennyworth that heralds the appearance of the first true Batmobile in Prey.

The story also contrasts its golden age and “year one” elements, like when Batman’s talk of giant mutant cannibals makes Captain Gordon wonder if he’s made the right choice trusting the masked vigilante.

Wagner “Mazzucchellizes” his drawing style just enough to make the reader feel that the story takes place in the same Gotham seen in Batman: Year One (Dave Stewart’s colors play a big part in this as well), yet the end result, aesthetically and storytelling wise, is totally (Matt) Wagnerian. He arrives to Mazzucchelli’s Gotham and makes the city his home, to put it one way.

Reading the story, as usual with a Wagner work (at least those I’ve read), feels like reading a comic. This may seem obvious and not worth mentioning, but it seems that many comic creators these days work hard to make their work feel like something else instead of a comic. You can tell that Wagner knows he’s doing a comic, not a TV series or a movie, and that he loves it.

The story takes a while to really get going because Wagner takes his time to introduce and define the main players in the story, but meanwhile he gives us enough crime-fighting action and character interaction to keep things interesting. And after all the pieces are in place and the showdown between Batman and Hugo Strange begins, the battle is as exciting as any great Batman tale.

In the fights against the monster men, it feels like Batman is actually in danger, and to come out alive he is pushed to his limits, having to use not only his fighting skills, but also his gadgets, his intellect and whatever his surroundings offer him. But probably the greatest accomplishment of the story is the fact that Hugo Strange, while clearly shown as a villain, is, perhaps without precedent, portrayed as an actual human being, capable of feelings of friendship and gratitude.

In this story, Batman administers violence quickly and efficiently when he fights a group of thugs, but when he has to get information from one of them he is not against inflicting physical torture. This approach to the Dark Knight is consistent with the one Wagner had already given us in Batman: Riddler – The Riddle Factory, and I think it makes a lot of sense. This “ugly side of being Batman” is something that sometimes I’ve felt the caped crusader’s monthly titles don’t show enough of.

In conclusion: a great Batman story, with very good art, a very good script, and a very good combination of golden age and post Crisis elements.

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BATMAN AND THE MONSTER MEN
– DC Comics, 2006.
– Trade Paperback.
– Collects the “Batman and the Monster Men” six-issue limited series (DC Comics, 2006).
– Story and art: Matt Wagner.
– Color: Dave Stewart.
– Letters: Rob Leigh.
– Cover: Matt Wagner.
– Covers (limited series): Matt Wagner.

Der Untergang.

octubre 7, 2007

Soviéticos sobre el Reichstag

Most daring picture I’ve seen in quite a while. No wonder some people hated it. It’s good that a German made it because otherwise it wouldn’t feel right (and probably wouldn’t have been as good). Probably if someone made a movie about some conflicting chapters of my country’s history, I’d hate it no matter how well it was done. But in the case of Downfall (Der Untergang), I have enough emotional distance to say I liked the movie a lot.

The movie is told from the point of view of the main two groups in which Berlin’s population was divided during the Russian assault: those who fought on the surface (military and civilian) and those inside Hitler’s bunker (high-ranking German officers and Hitler’s personal staff). But the point of view doesn’t come from these people’s ideology, but instead focuses on their human condition. That way, the movie dares to feel compassion about these human beings who made a terrible mistake and now are paying the price.

I read that Wim Wenders hated that Hitler’s corpse is not shown, because it was like granting the tyrant his wish. Before watching the movie I tended to agree with him, but after seeing it I think the choice of not showing Hitler’s corpse makes sense from a narrative point of view: the guy must have been bigger than life to those in the bunker and since that part of the movie is told from their point of view (especially of his secretary), it seems fitting that they would treat the corpse with respect. Exposing the corpse would seem gratuitous, no matter how much we dislike the guy. I’m not saying that I know more about filmmaking than Wenders, maybe he’s right, but I think I kinda understand why the corpse business was handled like it was.

Berlin seems a very close representation of hell on Earth: a place without hope. At some point near the end, when Russian victory is imminent, one German guy asks another who had been making plans to commit suicide (paraphrasing:) “why are you so obsessed with killing yourself?” and the guy replies (paraphrasing again:) “why are you so obsessed with staying alive?”. Religion aside, both questions seem equally valid in that situation.

I liked how the movie creates a surreal atmosphere without any aesthetic excesses: the parties, Eva Braun’s smile, Hitler‘s plans for a counteroffensive, the suicides, the children-soldiers, the people hanged in the streets by the nazis near the end of the battle. There’s a scene in which Hitler is seen wandering the bunker in the dark and he looks like a ghost.

The surrealism affects also the moral plane. I liked the way it’s shown how the circumstances blurred the distinction between loyalty, honor and madness, like when Hitler’s secretary says something like “my family told me not to get involved with the Nazis. How can I go back to them and say ‘when things didn’t work out, I realized I was wrong?’”. On the other hand, at the beginning of the movie, all those guys leaving Berlin to, supposedly, fight on the frontlines or prepare the resistance somewhere else or whatever, seem like rats fleeing a sinking boat.

There are some touches of humor throuhgout the film, but they are not gratuitous; like the rest of the movie, they reflect the darkness and madness of the final days of the Third Reich. And they’re not only clever and insightful, they’re funny as well.

In some parts of the movie Hitler seems like an antenna that irradiates madness to all those around him, and it feels that, like Sauron, he has to be killed so everything he has created fades away and the war can really end. But this doesn’t mean that the movie makes Hitler the only responsible for the Nazi horrors and doesn’t acknowledge the responsibility of the German people in general. There are at least two scenes in which a character (a different character in each scene) says something like (paraphrasing:) “the German people gave the power to the Nazis and now they are paying for it”.

In my opinion, an awesome movie, but I can understand if others think otherwise.

Der Untergang.


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