Posts Tagged ‘Historia’

Sin Preámbulo

septiembre 17, 2013

Toda constitución medianamente decente tiene un preámbulo en que se expresa una visión sobre el ser humano que sustenta el modelo de sociedad que se pretende construir. La constitución chilena no lo tiene, es sólo una sucesión de estructuras y normas, como el reglamento de un condominio.

La Transición

septiembre 17, 2013

Está de moda decir que la transición fue una estafa porque se siguió con la constitución de 1980, porque no se revirtieron las reformas económicas de la dictadura, porque hubo justicia sólo “en la medida de lo posible”, porque el binominal le dio a la derecha un grado de poder que no es democrático, etc.. Pero me parece (según lo que recuerdo del clima político y social que se vivía en la época; siéntase libre de llamarme imbécil si opina distinto) que todo eso fue un costo que la sociedad, en forma mayoritaria y consciente, decidió pagar. Después de más de 15 años de una sociedad dividida, existía cansancio y necesidad de pasar a una nueva etapa, aunque no fuera en las condiciones ideales.

Nerd Pride, Nerd Power.

septiembre 18, 2009

Monumento a Jorge Alessandri en la Plaza de la Constitución de Santiago de Chile.

Jorge Alessandri Rodríguez fue Presidente de Chile desde 1958 hasta 1964.

En la Plaza de la Constitución de Santiago de Chile, a metros del Palacio Presidencial de La Moneda, hay un monumento a su persona.

En la base del monumento pueden leerse tres diferentes frases que, asumo, fueron dichas por él. La siguiente me llamó la atención desde la primera vez que la leí:

“Aquellos que nos juzgan

por la seriedad de nuestro rostro

o por el retraimiento social

de nuestras vidas,

tal vez olvidan que en la soledad

surgen y maduran las grandes

inquietudes del hombre”.

Toda una declaración de principios, en la cual esencialmente se proclama: “Seremos nerds, pero somos más inteligentes que los demás”.

Julio Martínez (1923 – 2008).

enero 6, 2008

 

Julio Martínez

Falleció Julio Martínez. Y con él, se fue toda una época. Más que eso. Varias épocas. Décadas de la historia de nuestro país que se desvanecen de la memoria colectiva de los vivos, y quedan desde ahora en adelante sólo como material para libros de historia, documentales y exhibiciones de museo. Sí, todavía queda viva una buena cantidad de personas que vivieron durante esas décadas, que pasearon por las mismas calles que JM, fueron testigos de los mismos eventos y experimentaron los numerosos vaivenes que sufrió Chile durante el siglo XX. Varios deben ser incluso más viejos que lo que era don Julio al momento de su muerte. Pero ninguno es tan conocido como él, ni tiene el lugar que él tenía en el inconsciente colectivo chileno hasta el día de su muerte. El hombre era un verdadero ícono de un mundo que hacía tiempo que en los hechos ya se había ido. De un país que ya no existe. Al irse JM, se va uno de los últimos (¿El último?) vestigios importantes y todavía presente y vivo en el imaginario nacional del Chile pre-jaguar, pre-globalización, pre-boom exportador, pre-Internet, pre-TV cable, pre-APEC, pre-celulares, pre-Computadores, que no se había reconvertido ni renovado con los nuevos tiempos. Cuando falleció Gladys Marín mucha gente que no era comunista, ni de izquierda, e incluso gente que era contraria a sus ideas políticas, se sintió conmovida y acudió a despedirla al lugar en el que estaban sus restos antes de ser puestos en su lugar de descanso definitivo. Más allá del hecho de que aquellas personas, si no compartían sus ideas, probablemente compartían sus ideales o admiraban alguna otra de sus cualidades, yo creo que el revuelo que su fallecimiento causó en ese momento fue porque, también como en el caso de JM, para efectos del inconsciente colectivo chileno, con la persona muerta terminaba de irse un pedazo de la historia de Chile del cual había llegado a ser símbolo, o, más bien, cuyo recuerdo o eco había llegado a personificar. Al irse Gladys se iba no sólo la dirigente comunista o la luchadora contra la dictadura; se iba lo que quedaba de la UP, pero no sólo la UP entendida como un proyecto perteneciente a un cierto número de colectividades políticas, sino como una época que marcó al país y que todos los sectores sociales, independientemente de la valoración que hicieran del proceso social que Chile experimentaba entonces, vivieron con mística y pasión (dos cosas que hoy en día no abundan en la política chilena). Pero tampoco se iba solamente eso. Se iba con ella todo un período de la historia de Chile que se remontaba hasta el Frente Popular. Con don Julio pasa algo muy parecido, aunque probablemente en una dimensión diferente de la mente nacional, dado que el ámbito en el que se hizo conocido no fue la política, sino los medios de comunicación, y, al menos para mí, con un impacto mayor, por dos motivos: primero, porque probablemente no había personaje público vivo más querido en el país, por gente de todos los sectores sociales y políticos (excepto, quizás, Mario Kreutzberger). Y segundo, porque debido a la época con la cual coincidieron el inicio y la consolidación de su larga trayectoria en los medios de comunicación, llegó a simbolizar toda una era, aquella era en que el país se jugaba su destino en cada elección, en que las masas marchaban por las calles, en que la gente aún conversaba en sus casas, en que se leía más y se hablaba mejor, las ciudades eran pacíficas y la gente salía sin temor a comer o al cine. Una época en que los chilenos vivían a un ritmo que yo sólo puedo imaginar y que la generación posterior a la mía probablemente ni siquiera puede concebir. La época que va desde Arturo Alessandri hasta Salvador Allende, con todo lo bueno y lo malo de ella. Se nos va el anciano de la tribu y con él termina de irse una era. Es el fin definitivo de la vieja República.

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ADDENDUM:

Viendo imágenes de archivo mostradas en el acertado programa especial JM por Siempre, transmitido por Canal 13 la noche del día en que murió don Julio, me puse a pensar en las privilegiadas dotes de JM como comunicador; en su vocabulario, cultura, oratoria y habilidad para la conversación televisiva. Luego, pensé en los programas y personajes que predominan hoy en día en la televisión abierta chilena: reality shows en los que imbéciles hacen y hablan estupideces con el fin de hacerse famosos de la noche a la mañana, cuyos ganadores de turno son olvidados antes de que termine la tanda de comerciales que sigue al episodio final de la temporada; mentecatos cuyo mayor sueño vocacional es llegar a formar parte de alguno de los múltiples programas “periodísticos” en que famosillos de tercera y cuarta categoría se insultan unos a otros; humoristas cuyo mayor recurso cómico es mostrar de cuántas maneras diferentes pueden hacer referencia al pene; “estelares” “de conversación” habitados por mujeres cuyos pechos pesan más que sus cerebros, animadores incultos e ignorantes, futbolistas que ni siquiera saben sumar y otros especímenes variopintos de la farándula, quienes aparecen hablando idioteces insulsas y banales con suma seriedad, como si estuvieran discutiendo asuntos de vital importancia. Realmente, don Julio era de otros tiempos.

Der Untergang.

octubre 7, 2007

Soviéticos sobre el Reichstag

Most daring picture I’ve seen in quite a while. No wonder some people hated it. It’s good that a German made it because otherwise it wouldn’t feel right (and probably wouldn’t have been as good). Probably if someone made a movie about some conflicting chapters of my country’s history, I’d hate it no matter how well it was done. But in the case of Downfall (Der Untergang), I have enough emotional distance to say I liked the movie a lot.

The movie is told from the point of view of the main two groups in which Berlin’s population was divided during the Russian assault: those who fought on the surface (military and civilian) and those inside Hitler’s bunker (high-ranking German officers and Hitler’s personal staff). But the point of view doesn’t come from these people’s ideology, but instead focuses on their human condition. That way, the movie dares to feel compassion about these human beings who made a terrible mistake and now are paying the price.

I read that Wim Wenders hated that Hitler’s corpse is not shown, because it was like granting the tyrant his wish. Before watching the movie I tended to agree with him, but after seeing it I think the choice of not showing Hitler’s corpse makes sense from a narrative point of view: the guy must have been bigger than life to those in the bunker and since that part of the movie is told from their point of view (especially of his secretary), it seems fitting that they would treat the corpse with respect. Exposing the corpse would seem gratuitous, no matter how much we dislike the guy. I’m not saying that I know more about filmmaking than Wenders, maybe he’s right, but I think I kinda understand why the corpse business was handled like it was.

Berlin seems a very close representation of hell on Earth: a place without hope. At some point near the end, when Russian victory is imminent, one German guy asks another who had been making plans to commit suicide (paraphrasing:) “why are you so obsessed with killing yourself?” and the guy replies (paraphrasing again:) “why are you so obsessed with staying alive?”. Religion aside, both questions seem equally valid in that situation.

I liked how the movie creates a surreal atmosphere without any aesthetic excesses: the parties, Eva Braun’s smile, Hitler‘s plans for a counteroffensive, the suicides, the children-soldiers, the people hanged in the streets by the nazis near the end of the battle. There’s a scene in which Hitler is seen wandering the bunker in the dark and he looks like a ghost.

The surrealism affects also the moral plane. I liked the way it’s shown how the circumstances blurred the distinction between loyalty, honor and madness, like when Hitler’s secretary says something like “my family told me not to get involved with the Nazis. How can I go back to them and say ‘when things didn’t work out, I realized I was wrong?’”. On the other hand, at the beginning of the movie, all those guys leaving Berlin to, supposedly, fight on the frontlines or prepare the resistance somewhere else or whatever, seem like rats fleeing a sinking boat.

There are some touches of humor throuhgout the film, but they are not gratuitous; like the rest of the movie, they reflect the darkness and madness of the final days of the Third Reich. And they’re not only clever and insightful, they’re funny as well.

In some parts of the movie Hitler seems like an antenna that irradiates madness to all those around him, and it feels that, like Sauron, he has to be killed so everything he has created fades away and the war can really end. But this doesn’t mean that the movie makes Hitler the only responsible for the Nazi horrors and doesn’t acknowledge the responsibility of the German people in general. There are at least two scenes in which a character (a different character in each scene) says something like (paraphrasing:) “the German people gave the power to the Nazis and now they are paying for it”.

In my opinion, an awesome movie, but I can understand if others think otherwise.

Der Untergang.


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